16 may. 2011

Remando la Laguna San Rafael

Llegamos atardeciendo al muelle de CONAF, cerca del aeródromo de la Laguna. Desde allí nos comunicamos por radio con los guardaparques quienes nos dieron indicaciones de cómo llegar al lugar habilitado para acampar, situado a unos 2 kilómetros más hacia el glaciar.

El área de camping está ubicada casi en las orillas de la laguna Caiquenes, formada posiblemente por la morrena lateral del glaciar. Sus tranquilas aguas están conectadas con la Laguna por un pequeño estrecho, apenas navegable en marea baja. Esto lo hace ideal como lugar de embarque y desembarque para los kayaks.

El muelle vestigial está ubicado como a 500 metros de la zona de carpas por lo que ayudados por los gentiles guardaparques, desembarcamos y descargamos los kayaks en las bolsas de playa para luego armar las carpas y poner a secar intermitentemente las cosas (y cargar intermitentemente las pilas).


Disponíamos de un rústico refugio donde podríamos compartir una elaborada cena, sin preocuparnos de los chubascos itinerantes. Aparecieron las más diversas viandas y sofisticadas técnicas de cocina que de alguna manera celebraban la llegada a nuestro primer objetivo.

Al día siguiente, después del desayuno esperamos una ventana de buen tiempo para navegar hacia el glaciar. Los guardaparques nos informaron que dos días antes se habían registrado vientos de más de 110 km/hr en la estación meteorológica del aeródromo así que preferimos esperar para ver cómo se comportaba el viento. Salimos después del mediodía con un cielo amenazante por el suroeste, que poco a poco fue cediendo a un corto pero esplendoroso sol.

Remamos hacia los hielos a los pies del glaciar, para el tradicional whisky en las rocas, y dadas las excelentes condiciones terminamos subiéndonos a los témpanos, mientras estos se iban desmoronando y cambiando de posición. No trate de hacer esto en casa. Se requiere destreza, equilibrio, suerte, traje seco y otros kayakistas que rescaten en caso de necesidad.

El viento empezó a subir, por lo que decidimos emprender el regreso. Ya en el campamento nos dedicamos a (continuar con) secar la ropa, cargar las baterías y preparar la cena. Teníamos planeado salir el día siguiente para la playa Desecho en el extremo opuesto de la laguna, así que preparamos todo para partir en la mañana… Dos de nosotros fueron a visitar a los guardaparques y regresaron con malas noticias: Terremoto 8.9 en Japón.

Ya con todo listo para zarpar en la mañana, recibimos nuevas noticias sobre la llegada del tsunami a la costa Chilena. La incertidumbre en las noticias y la preocupación de los familiares difieren nuestro zarpe para el próximo día, por lo que aprovechamos unos para hacer el trekking al glaciar y otros para pescar en la laguna. Unas horas después el grupo se reúne de nuevo para compartir un delicioso róbalo en salsa agridulce a cargo del máster chef.

El tsunami llega a la Laguna cerca de medianoche. A pesar de que se habían hecho los preparativos de evacuación coordinados por los guardaparques, los efectos en la Laguna fueron mínimos, prácticamente imperceptibles.


Zarpamos cerca de las once de la mañana, con cielos cubiertos y opresivos. La ruta será cruzar la zona de los témpanos enfrente del glaciar y continuar por la ribera sur hasta llegar a la playa Desecho, desde donde parte una ruta usada por los Chonos durante cientos de años para cruzar el istmo de Ofqui, evitando las peligrosas aguas de la península de Tres Montes.

Avanzamos sin novedad, parando a observar de cerca los gigantescos témpanos de brillantes blancos y azules haciendo contraste con el siniestro gris de los nimbostratos. Caprichosas formas esculpidas por el agua y el viento hacen que cada uno sea único y diferente dependiendo del lado por el que nos aproximemos.

Una vez más nos sorprende el clima patagónico, esta vez con una repentina despejada que nos permite ver todo el glaciar San Rafael y atisbar en las escarpadas paredes del macizo de San Valentín, además de proveer una excelente iluminación para los últimos témpanos antes de llegar a nuestro destino.

Nos detenemos unos minutos a disfrutar de un paisaje casi onírico, al interior de una cueva formada por un témpano azul transparente que rivaliza con el cielo recién aparecido. Espejos de hielo reflejan el sol por todas partes, mientras que pequeños chorros de agua esculpen surcos y tazas por doquier.

Llegamos a la orilla oeste de la Laguna y nos detenemos para una parada técnica. El sol calienta franca y directamente por lo que decidimos aprovechar (casi todos) para darnos un chapuzón entre los hielos flotantes.

Energizados por la temperatura del agua, volvemos a nuestros kayaks para continuar un par de kilómetros más hasta la playa Desecho, lugar desde donde partiremos la tercera parte de nuestra expedición: el cruce del istmo de Ofqui.


Refrescantemente,

Martin
Instructor de Kayak de Mar
martin@ecodeporte.cl

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