29 ago 2011

Quintay: de Matadero a Santuario

Antiguamente era parte de una hacienda Jesuita, esta caleta fue habitada precariamente a partir de 1900 por pescadores artesanales. En 1943 fue inaugurada la ballenera más grande de Chile, que llegó a matar a más de 2.100 cetáceos por año hasta que fue cerrada en 1967 al firmar Chile el tratado internacional que prohíbe la caza de ballenas, y que como Uds. saben no fue firmado por Noruega y Japón, que continúan masacrado cetáceos con fines “científicos”.
Esta antigua sede de la matanza de ballenas se ha convertido hoy en un santuario. Aquí funciona la Fundación Quintay, que promueve y desarrolla la pesquería sustentable, la protección, defensa, y recuperación del medio ambiente marino y el manejo sustentable del borde costero. Opera un museo en las instalaciones de la antigua ballenera que puede ser visitado por módicos 500 pesos. También funcionan varios centros de buceo.
Con un relieve abrupto, no es fácil zarpar con kayak desde esta caleta. Hay que bajar por una empinada cuesta, dejar los kayaks en la caleta y subir a estacionar los autos. La playa de la caleta está bastante protegida y es fácil de entrar y salir, no así la playa de Quintay, que tiene olas más grandes.
Hacia el sur, hay una sucesión de acantilados hasta Tunquén que son entretenidos de remar ya que tienen jardines de rocas y algunos lugares para desembarcar cuando el mar no está muy movido. En tres horas podemos llegar a Tunquén y en dos horas más a Algarrobo. En verano es más recomendable el camino inverso ya que el viento Sur nos ayuda casi todos los días.

Si queremos dirigirnos al norte, en una hora y media de remado podremos estar en la playa de Las Docas, en un tramo bastante expuesto y con pocos lugares protegido para desembarco. Otra hora y media nos llevará hasta la Punta Curaumilla donde hay un islote con la colonia más grande de lobos marinos de la zona central.
Este tramo sólo se recomienda para kayakistas experimentados y con buenos pronósticos de tiempo, ya que esta punta es famosa por lo revuelto de sus aguas. Pasando la punta entramos a la bahía de Laguna Verde cuya playa podemos alcanzar tras otras dos horas de remado.
Si preferimos sólo dar una vuelta recorriendo las claras agua de los alrededores de Quintay, a la vuelta podremos encontrarnos con las tradicionales picadas que hay en la caleta, para comer pescados y mariscos antes visitar el museo y de partir de vuelta.
Cabe destacar que ya no es tan raro divisar ballenas y delfines por estos lados. Como si las tristes memorias de este lugar de holocausto ballenero de hace 50 años se empezara a diluir con el constante fluir de las aguas. Ojalá podamos decir pronto lo mismo de las Islas Faroe y la Bahía de Taiji.
Redimiblemente,

Martin
Instructor de Kayak de Mar
martin@ecodeporte.cl

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