19 abr. 2010

De vuelta a la corriente

De vuelta a la corriente
Ha sido difícil sentarse a escribir sobre una actividad recreativa y de alguna manera suntuaria cuando gran parte del país ha sufrido una catástrofe de gran magnitud. Cientos de personas perdieron sus vidas, y miles sus techos, bienes o medios de sustento.

Pero, es realmente así ¿Son las actividades recreativas tan accesorias y ajenas a las necesidades del homo sapiens? No sé si pueda hablar en general sobre todas las actividades o si aplican igual a todas las personas pero si puedo afirmar que en mi concepto no lo son. No solo de pan vive el hombre…

Las actividades al aire libre, y especialmente aquellas que involucran algún grado de riesgo, tienen la virtud de cuestionar nuestra “inmortalidad”. La ciudad y sus comodidades nos envuelven en una burbuja que nos hace pensar y actuar como si fuéramos inmortales y tuviéramos todo el tiempo del mundo.

El exponerse y enfrentarse a las fuerzas naturales, sin mucho más que nosotros mismos, nos cambia la perspectiva, nos ayuda a clasificar nuestras prioridades y de alguna manera, a vivir una vida menos trivial. Nos enfrentamos a nuestros miedos y debilidades voluntariamente y nos hacemos cargo de ellas.

Todos pudimos apreciar los efectos del miedo en la población citadina. Salvo por algunos siempre presentes frescos y sinvergüenzas, pudimos ver personas normales involucrándose en conductas anormales, impulsadas en gran medida por el miedo a la escasez o a la necesidad.

Y eso es lo que uno aprende con estos deportes. ¿Cómo somos cuando tenemos hambre, frío, estamos cansados o nuestro pellejo corre peligro? ¿Ayudamos y compartimos o arrancamos y guardamos? Está en nuestra cultura y arraigado en nuestra conducta el acaparamiento y la capitalización. Para ello somos educados y en base a ello calificados…

Superando nuestro condicionamiento conductuales sin embargo, todos queremos ayudar. ¿Cómo ayudamos a los demás, menos afortunados que nosotros? Hay muchas formas en las que estoy seguro que ya habremos participado, como la Teletón, construyendo mediaguas, aportando comida y ropa, etc. todo eso ayudará a mitigar las urgentes necesidades de muchas personas. Pero más allá de eso, tenemos que ayudar a reconstituir funcionalmente muchas comunidades de manera que puedan recuperar su dinamismo económico y social.

Como deportistas tenemos una excelente oportunidad para ayudar en este sentido. Muchas comunidades, especialmente pueblos pequeños, viven del turismo y de los visitantes del fin de semana que inyectan circulante en sus economías.

Podemos organizar eventos y paseos a las zonas más afectadas. En kayak, bicicleta, a pie, en ATV o en moto. Nuestra presencia no solo lleva dinero a la localidad, sino también ayuda a reactivar el turismo y a animar a los pobladores. Si alojamos en el lugar, mejor aún. Tal vez podemos participar en la rehabilitación de algún camping.

Como deportistas autosuficientes, estamos acostumbrados a llevar alimento y bebida con nosotros desde la ciudad de la que vengamos, pero podemos comprar menos en el Jumbo y más a los productores locales: frutas, verduras, quesos, huevos, pan, empanadas, pescado… normalmente están disponibles en muchos lugares como producción local.

También podemos usar otros servicios locales como restaurantes, baños, alojamientos, cuidado de autos. Cuanto más gastemos localmente, estaremos ayudando más a reactivar esas economías. Y esto no solo ahora que el terremoto está fresco en nuestra memoria, sino como principio general de compartir y distribuir la riqueza a través de las actividades que hacemos, por el gusto de hacerlas.

Reconstructivamente,

Martin
Instructor de Kayak de Mar
martin@ecodeporte.cl

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